miércoles, 19 de agosto de 2015
domingo, 9 de agosto de 2015
jueves, 30 de julio de 2015
miércoles, 15 de julio de 2015
Se hacía tarde ya,
entre vejucos y zacate algo se agitaba; fue entonces cuando un centenar de
luces se encendieron frente a sus ojos, la joven niña se sintió sorprendida al
encontrarse envuelta en esa cantidad de luciérnagas, que parecían querer
guiarla por el bosque rumbo a casa. Llevaba más de cuatro horas de haber
perdido el rumbo, todo gracias a un enigmático cuyeo que se cruzó en su camino,
y pues claro, a su desbordante sentido de la curiosidad. Las luciérnagas entre
aleteos y palpitantes luces la condujeron a un pequeño riachuelo, en donde se
desvanecieron entre los arboles de guarumo y corteza ya casi indivisibles.
El preciado líquido que
fluía por el arroyo, alardeaba de ser lo mejor de lo mejor; y con razón, al
encontrarse en lo más profundo de la selva, con pocas plantaciones de banano
cerca y aún peor, tras varios días que ni una gota de agua se dignaba a caer
sobre estas tierras exigentes de abundante y constante H2O, era como haberse
encontrado con una divinidad, la cual abría sus brazos a la niña, “- más puro que la virgen María-” decía
el arroyo y ella sin este haber terminado la frase se lanzó hacia él y una vez
saciada su sed, procedió a limpiar su enmugrecido cuerpo.
No solo eran cuatro
horas de haber aguantado sed y hambre, eran cuatro horas de constante roce con
los pastos y ramas, que atentaban contra sus rodillas y sus cortos
ropajes, prendas que a esas horas eran
resfriado seguro, en el menor de los casos, ya que desde hacía rato los
mosquitos le venían atormentando las piernas. Todo esto se desvaneció de su
mente como un fantasma, al recordar las historias y leyendas del pueblo; su
madre le contaba como en lo oscuro y más profundo del bosque habitaban ciertas
especies de árboles que durante el día brindaban frutas a los aldeanos, las
cuales eran muy útiles para la supervivencia, pero durante la noche se podía
ver el otro lado de la moneda, era el alma de los árboles que dejaba su cuerpo
físico, para materializarse en un ser vagante siempre buscando diversión y
entretenimiento, lo tranquilizante de la historia es que esos seres no podían
permanecer mucho tiempo fuera de su cuerpo, por lo que en cuestión de un par de
horas se agotaban y regresaban exhaustos a continuar descansando.
Pero a todo esto, ¿Cómo
sabría que vio uno?, ¿Qué características tenían?, su corta edad y por lo tanto
experiencia le dificultaban esto. ¿De qué color eran?, ¿Qué árboles se
transformaban?, ¿Cómo olían?, ¿Comerían niñas morenas o preferirían la
pálidas?, ¿Será que también los fastidiaban los mosquitos?, todas estas
preguntas pasaban por la mente de la joven infanta, mientras poco a poco sentía
como el frío del ambiente se iba desvaneciendo, escuchó ruidos a sus costados y
con expresión de absoluto pánico, viró a ver y observó como la vegetación
cercana era pisoteada, se armó de valor y siguió las pisadas, muerta de miedo
caminaba y se refugiaba en los arboles aledaños y con su total atención puesta
sobre las pisadas logró divisar que en estos sitios la espesura del bosque se
apreciaba difusa y muy irregular, tras
varios minutos de observar esto se encontró con una plantación de árboles de
mango, los cuales pese a lo oscuro del ambiente logró reconocer; eran de su
vecino Rodolfo, el cual por cierto los tenía muy bien cuidados, las pisadas se
detuvieron frente a los árboles y fue en estos que la niña percibió como la
corteza se abrió como recibiendo algo y en ese instante la temperatura aumentó
y se observó un destello emanar de la corteza abierta. La niña creyó que esa
calidez que había sentido acabaría ahí, pero
no, al contrario, aumentó y se vio acompañada de una brisa fuerte y con
una temperatura aún más cálida, de pronto sintió movimientos cerca, nuevamente
la vegetación se sacudía y pisoteaba, pero en esta ocasión con mayor fuerza y
caos, de nuevo notó lo opaco e irregular del ambiente, que parecía trasladarse
al compás de las pisadas, con forme se movía se empezaron a distinguir unas
manchas verdes y un punto rojo muy llamativo; decidió que era hora de
continuar, estaba cerca de casa y sentía dentro de sí que ese ser (fuese lo que fuese) no la dañaría y que al
contrario, la llevaría a casa, con forme caminaba la mancha verde se hacía más
clara, hasta que logró comprender que eso que veía era el alma de la Guanábana, la cual había salido de
su cuerpo diurno y al igual que ella se embarcó en una aventura en el bosque
tropical.
La curiosa criatura se
apreciaba agotada, tenía un aspecto espeluznante, la mancha roja que había
visto, era su ojo; sus brazos, piernas y nariz prominentes parecían ser
extensiones del árbol y pues claro su estructura corpórea era propia de una
guanábana, verde y con espinas, además de que en el sector del vientre se podía
percibir parte de su pulpa, la cual mostraba sus negras semilla dando la sensación
de que estaban pendientes de lo que sucedía en los alrededores.
El ser no se logró dar cuenta de la presencia
de la niña, y aunque lo hubiese hecho, había jugado tanto que no sentía los
pies, continuó su camino hasta llegar a una casa en donde en la parte trasera
se encontró con su cuerpo, seco y muerto por la falta de un alma. La niña
sorprendida observó como la colosal alma, se posicionaba de su árbol de
Guanábana, en una explosión de luz y color, donde la corteza se abrió para
recibir el fantástico ser, fue así como el árbol regresó a la vida, en cuestión
de instantes como si nada hubiera pasado
el espécimen recuperó todas sus hojas y frutos; la niña ingresó a la vivienda,
agradecida porque el bosque más que quererla dañar quiso volver de sus horas momentos
muy sensoriales cargados de experiencias.
Fin…
Autor: Gregory Alpízar Jiménez
Autor: Gregory Alpízar Jiménez
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
































